Hay ocasiones en las cuales el
ocio une recuerdos y despierta sentimientos. En algún momento aflora sobre la
piel todo aquello que el día a día esconde. El blindaje de nuestras emociones
está por encima de todo. El tiempo (qué tiempo). Ausente, inexistente, juez de
nuestras vidas. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Lo cierto es que el pasado
es lo único que existe. Arqueología para unos, memoria para otros.
El burro no es de donde nace,
sino de donde pace. Aquel profesor de dibujo extremeño se atrevía a afirmarlo
ante el grupo de adolescentes que no entendían el significado de la frase. El
profundo significado. El mayor de los desarraigos es la prueba más dulce de
integración nacionalista.
Por otro lado, hay quien asegura
que el individuo pertenece al lugar donde transcurrió su infancia y hasta su adolescencia.
Donde crecemos, en general. Ya lo escribió Lola Huete en El País, parafraseando
al gran Saramago: “Somos más la tierra donde hemos nacido (y donde hemos
crecido) de lo que imaginamos". Lo dijo el escritor portugués José
Saramago. Y sí. Somos tierra, casa, cuarto, olores, sabores, sonidos, el árbol
bajo la ventana, los cuadernos del cole, los libros, los padres y amigos, lo
vivido”. Yo soy de ese grupo. Esta es la razón de que cada vez que
regrese a casa, resucite la magdalena de Proust. Esas evocaciones infantiles.
Adolescentes. Pre-maduras.
La Bétulo romana. Dicen los
avezados que se hallaron restos humanos de la época del Neolítico entre el
2500-3000 a.C. Esa Bétulo romana de población layetana que luchó contra los
cartagineses de Emporion, esa que fundó su museo el año 1966. Buen año. Allí
donde nací. Donde iba al médico. En esa Badalona suburbio industrial entre
señorial y mediterránea y desarraigo inmigratorio.
Esa interminable recta por donde
corría de adolescente. De la estación de tren de Sant Adrià a la de Badalona.
2,800 kms justos de raíles por la calle Eduardo Maristany, paralela a la línea
de ferrocarril más antigua de la Península, Barcelona–Mataró, cuyo primer viaje
de vapor la recorrió en 1848. Esa calle que albergaba innumerables empresas que
sospechosamente podían hacer vertidos contaminantes alegremente sus residuos al
Mediterráneo. Ese muro industrial de progreso y riqueza para la ciudad que
separaba gran parte de Badalona del mar. Y allí, entre ellos, la mítica fábrica
de Anís del Mono, de Vicente Bosch. Aún sigue en pie, bien reconvertida en
museo.
Esa playa interminable a la cual
acudíamos en bici y donde jugamos a fútbol o a vóley-playa e íbamos nadando a la
plataforma. Reminiscencias de cualquier tiempo pasado…te ancla a tus orígenes.
Esa carretera N-II que pasaba por el centro del casco urbano formando
retenciones interminables los fines de semana cuando íbamos al cámping a
Malgrat en el R-6. Por la Plaça de la Vila con el
Ayuntamiento y el mítico Frankfurt (fem uns bocates?).
Ese Titus…que decir. La compañía
de tantas horas de cubatas, tantos amigos, tantos vídeos de baloncesto en la
pantalla y…escasos triunfos entre el género femenino. La Rambla de Badalona…
Esos ambientes de extrarradio
industrial que bien refleja Javier Cercas en su “Las Leyes de la Frontera” o el
gran Javier Pérez Andújar en “Paseando con mi madre”. El cauce del Río Besós,
la mayor alcantarilla al aire libre que ahora se ha convertido en Parque
Fluvial. El barrio… Amasijo de emociones que estalla en tu subconsciente cuando
vas a visitar a tus padres el mismo fin de semana que se celebra una carrera de
30 kms que discurre por prácticamente todos esos lugares que, sólo el mero
hecho de pensarlo hace que se ericen los finos vellos del antebrazo. Inscrito.
¿Y la carrera? Ah, pues muy bien,
gracias: llanita, muy recomendable y muy bien organizada. Para repetir. Me han
faltado las fotos que me gustaría y que me hicieron: con las tres chimeneas de la FECSA al
fondo, en la Rambla de Badalona, pasando frente al Anís del Mono... y alguna otra más. Espero poder conseguirlas.
Hala, se acabó el fin de semana.
Volvemos a Madrid. La Magdalena de Proust se ha endurecido a pesar del clima húmedo y el burro (que no
es Platero ni lector de Saramago) vuelve a donde pace… siendo de donde nace.






