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martes, 6 de mayo de 2014

MARATÓN DE GINEBRA 2014



Ginebra es una ciudad de acogida, de refugio. O eso dicen allí. De importancia capital en el período de la Reforma, por acoger a la mayor parte de los principales pensadores reformistas del momento y servir de acogida o punto de tránsito y cobijo a diferentes movimientos de persecución de estas corrientes divergentes del oficialismo católico.
La ciudad es muy bonita, muy tranquila y extremadamente limpia. Desconozco cuál sería el motivo de elección de esta ciudad para albergar tantos organismos internacionales. Posiblemente porque muchos suizos crearon ya instituciones como la Cruz Roja, quizás por su neutralidad. A orillas del Lago Leman y atravesada por el Ródano, es bastante plana a pesar de estar a tiro de piedra del Mont Blanc y estar escoltada por el macizo del Jura. Algunas colinas próximas acogen estupendas urbanizaciones de tremendo nivel adquisitivo. Otra colina importante es sobre la que se asentó el primer núcleo urbano. Y desde ahí se divisa el resto de la ciudad.
Llegué a las 11 de la noche tras llegar en tren desde el aeropuerto a la estación de Ginebra Cornavin. Hay que decir que el tren es gratuito desde el aeropuerto al centro de la ciudad, hay dispensadores de billetes en el interior de la terminal. Tras dormir, madrugué para iniciar un día turístico. La idea inicial era ir al Mont Salève, un monte en Francia al cual se accede en funicular y desde ahí se divisa toda la planicie ginebrina. Pero un día negro y lluvioso hizo desistir del plan; ya que leí que con nubes no se ve nada.
Así que me fui primero a por el dorsal y luego a visitar el centro de la ciudad. La feria está en el Jardin Anglais. Es un pequeño y bonito parque pegado al lago donde instalaron unas carpas. Pequeña feria. La bolsa consistía en el dorsal con chip incorporado, camiseta kalenji verde fosforito y una braga. Después mil kilos de papeles de carrera y un vale para recoger un envase de botella que me vino bien para rellenar en las múltiples fuentes que hay en la ciudad. Fotito de postureo en l’Horloge Fleuri y al lío. La Catedral de Saint Pierre es un buen lugar para visitar. Parte de un asentamiento paleocristiano y tras múltiples construcciones se llega a la catedral actual del siglo XVIII. Es interesante subir a la Torre de la Catedral, excelentes vistas y visitar las ruinas de la antigua catedral. Eso sí, no es una gran idea para los que quieran estar descansados. Es interesante la opción de comprar el ticket paquete Catedral + Museo de la Reforma + Excavaciones arqueológicas bajo la catedral. Después siguiendo el paseo, Église de la Madeleine, Bourg de Four, Parc des Bastions, Muro de los Reformadores, Hôtel de Ville, Maison y… ¿dónde está el Jet d’Eau?. Pues…de mantenimiento. Así que sin LA foto me he vuelto.
Volví a regresar a la feria para comer allí. No había una comida de la pasta al uso sino que había un restaurante de pasta que ofrecía un cubo de pasta y una cerveza al módico precio de 9,50 euros. Y eso por ser corredor. Ginebra es una ciudad tremendamente cara para el nivel adquisitivo español. Tiendas por doquier de marcas de lujo. Después me fui a tomar una cervecita a una de las múltiples cervecerías en la cual fabrican el producto allí mismo. Una degustación de tres distintas cervezas de a trago y a descansar un poco.
Por la tarde volví a dar un paseo más relajadito, a tomar un café y pasé a tomar una cerveza por les Brasseurs. Allí, su afamada cerveza Ambrée fue galardonada la mejor en 2013. Y una jarra me tomé. 9,60 CHF. Lo dicho, muy caro. Y pegan, pegan de verdad estas birras. Luego fui a cenar a un italiano y me comí un plato de tallarines muy ricos y a dormir.

Al día siguiente madrugón y a coger el tranvía; ya que la salida es un punto distinto al de meta. Hacía frío y un viento horroroso. Yo había previsto manga corta, dados los 18 grados y viento medio que se preveía antes de salir de Madrid. Y me quedé helado. En el tranvía como sardinas en lata. A la segunda parada, el conductor ya no abrió las puertas en ninguna parada para no dejar subir gente.


Al bajar, en Chène Bourg, más frío por el viento. Se recogían las bolsas en unas carpas en la plaza Favre, las metían en jaulas y a los camiones. Primero recogían las del ½ maratón que salía media hora antes. Un grupo de locales ya maduritos nos deleitaban a ritmo de jazz y be-bop. Estuve un ratito pasando frío hasta que se marcharon los del medio, entregué la bolsa y me metí en un teatro que hay en esa misma plaza. Allí me atemperé pero al salir volví a coger frío y salí un poco helado.

En la salida había unos cajones orientativos para que se colocase la gente donde estaba señalado su bloque. Dos monitores de fitness en un escenario animando al personal que tiritaba de frío. Al final llegó la hora de la salida al ritmo de Black Eyed Peas y me quité la camiseta de manga larga y la de corta que lleva encima y ya me quedé tieso…y a tiritar casi hasta meta. En la parte final salió el sol, lo cual agradecí infinitamente.


La carrera es bonita, plana (con suaves ondulaciones), pasa por caminos de campo pavimentados y algún tramo de carretera por los municipios de la comunidad de Ginebra, salvo del 6 al 11 en los que discurre por camino de tierra. Hay poca gente pero toda la que hay anima. En los pueblos, orquestas improvisadas de músicos amateur: mucho jazz, algo étnico africano, grupos de rock, un grupo ataviado de gaiteros escoceses, una orquesta cantando boleros e incluso un trío con trajes regionales haciendo sonar esas largas tubas. En torno al 33 se llega a Ginebra. Se discurría paralelo al lago y se daba una pequeña vuelta por el centro cogiendo la única cuesta en el km 40 en la Avenida Laussanne para introducirse en los preciosos jardines Barton y regresar por la otra orilla hasta alcanzar la meta en el puente del Mont-Blanc. 
Los avituallamientos no son regulares cada 5 kms aunque hay el mismo número que si lo fuesen. Agua, isotónico, plátano y naranja en todos. A partir del tercero gel en todos. Suficientes y sin agolpamientos (para dos mil corredores). Y el cresteo del Jura presente en casi todo momento. Ahora de frente, ahora de espaldas, ahora a un lado, ahora al otro, ahora con nubes, ahora despejado…



Mi carrera…salí con el objetivo de acabarla. Frío como una patata, iba cómodo con el globo de 4h30’. En el km 12 el abductor me arreó bien. Lo inteligente hubiese sido retirarse. Seguí y en el 17 repitió. Estiré y continué hasta el km 20. El globo ya se había ido. Volví a estirar y hasta el 25. Así que me dije que tranquilo para llegar en menos de 5 horitas. Pero el abductor me volvió a gritar y de ahí a meta romería a la pata coja. 

Corre y cuando molesta, para.  Meta, medalla plátano, naranja, galletas saladas y una botella de agua. A por la bolsa a un parking y al salir, lo mejor: los vestuarios. Un vallado de obra en medio de la calle protegido con esos plásticos negros transparentes que se ve todo. Ni ducha ni bancos ni sillas ni nada. Pues eso, a despelotarse allí en medio y, sin lavarme, tirando para al aeropuerto que se escapaba el avión.


Regreso con el abductor hecho trizas, a ver si se repara pronto. Mientras descansaremos y renovaremos los aires del coco, que falta hace. Muy recomendable evento. Pequeño pero muy gratificante. Eso sí, id con la buchaca llena. Por cierto, de Urdangarín, ni rastro.
Activando cambio de chip inmediato.

jueves, 27 de marzo de 2014

MARATONA DI ROMA 2014



IN BOCCA AL LUPO




Hace ya bastantes meses tomé la decisión de retomar mi actividad maratoniana en Roma 2014. Lo hice con tiempo suficiente para poder preparar con cierta solvencia la prueba. Es más, en un #runandbravas se propuso el tema de correr un maratón, comenté que iba a Roma y se animaron unos cuantos valientes (más algún otro que se tuvo que quedar en el camino y a quienes echamos de menos en la aventura).El hacer un maratón acompañado es una buena fuente de motivación y garantiza llevar una decente preparación previa. Pero nada más lejos de la realidad. Este cansancio eterno, compañero inseparable de fatigas en el último año, no me abandona. Así que, dudando hasta el último instante, con una bolsita exigua de kilómetros a ritmos paupérrimos (el cuerpo no da para más) me decidí a afrontar el reto.

Triscaidecafobia. Fobia al número 13. Tiene su origen en la mitología nórdica precristiana. El mito dice que en un banquete en el Valhalla fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la ira, del engaño y del mal que no estaba invitado, se coló, sumando a trece presentes. Loki elaboró una estratagema para matar a su hermano Baldr, segundo hijo y predilecto de Odín, el más venerado por los hombres, el de mejores cualidades físicas y un sabio y de quien estaba celoso al ser indestructible ante todos los materiales. Con malas artes, Loki adivinó que Baldr podía ser dañado por un material, el muérdago. Se hizo con él y consiguió darle muerte a través de un tercero vía flecha impregnada con muérdago. Hay varias versiones sobre la muerte pero esta es la más extendida. Hay, En eso que llamamos actualizaciones, se ha homologado posteriormente con el número de 13 asistentes a la última Cena o con el Arcano número XIII del Tarot, La Muerte. También el código de Hammurabi se salta la  norma 13, al ser considerado de mala suerte.

No soy estrictamente supersticioso pero si de costumbres o pequeños ritos, más bien relacionados con algún objeto de “buena suerte” que mi testarudez empuja a seguir manteniendo a pesar de su evidente falta de efectividad. Un día, cuando era un pequeño, mis padres hicieron un esfuerzo importante en comprarme una camiseta de fútbol de algodón, de aquellas de los años 70. Color azul marino de manga larga. Me gustaba el número 13. De tal manera que recorté de una vieja sábana un 1 y un 3, los pinté con rotulador negro y los cosí a la espalda. Aquél frío sábado de invierno, quedé temprano con mis compis de clase para ir al cole, tocaba partido de fútbol. De camino, un gato negro se cruzó en mi camino y pasé bajo una escalera. Comenzó el partido. Primera jugada, balonazo en todos los morros de uno de aquellos globos naranjas marca Kaplan. Me reventó la nariz. Evidentemente lo achaqué a la suma del 13 más el gato más la escalera. Con el tiempo, lo del gato y lo del 13 lo llevo muy bien, pero lo de la escalera no lo llevo. Éste, tras mucho resistirse, era mi maratón número 13.

El exorcismo que debía llevar a cabo no era enterrar supersticiones sino que era volver a enfrentarme a 42 kms. Y volver a coger confianza en seguir con la actividad física, cuando en realidad lo difícil es ponerme las zapatillas porque salir a correr a diario es un auténtico sufrimiento. Desde luego, esta situación era la más adecuada por el contexto: sufrir un Vía Crucis. Y más después de la mala sensación (no muscular sino de una cierta incomodidad cardiovascular) con la que acabé el Maratest y que un electro "express" se encargó de disipar.

Podría escribir un post interminable. En Roma hay mucho que ver y de lo que hablar. Intentaré ser todo lo conciso que pueda. Salimos desde Barajas el jueves tempranito Elena, Jorge y yo. Llegamos al “hotel”. No era más que un piso con habitaciones acondicionadas a modo de hotel (parece ser bastante usual en Roma) pero con habitación limpia, decente, baño propio, televisión y wifi. El desayuno, en una cafetería en la calle. Pero…por 20 euros PAX creo que no podía esperar el Waldorf Astoria. El camino ya sirvió para comprobar que el tráfico en Roma es una aventura. No se conduce mal sino peor, y el respeto a los peatones es cero. Si tienes confianza en que los coches paren ante un paso de cebra, estás equivocado. Debes lanzarte o no paran. Y ello no es garantía de que lo hagan… Incluso tengo la anécdota de un autobús pitándome mientras cruzaba un paso de cebra para que me diese prisa!!!
No sé si lo he dicho o lo repetiré pero Roma como ciudad me ha decepcionado un poco. Me ha parecido muy abandonada: todo en obras, el cuidado de las vías inexistente, agujeros en las aceras y el asfalto, mucha suciedad,...  La parte monumental con gran parte de los edificios envueltos en andamiajes... Pero hay mucho que ver y muy bonito. Por ello es aconsejable ir con tiempo, sin niños y listo para un palizón de andar. Poco aconsejable plan para antes de un maratón pero...nunca escarmiento!!

Buscando un sitio para comer encontramos un restaurante local, Andrea. Vimos que estaba lleno de locales comiendo, así que pensamos que lo mejor es ir a un lugar frecuentado por locales porque había posibilidades de comer bien. Repetimos dos veces más en posteriores ocasiones. El aceite de guindillas no picaba…quemaba. La gastronomía es la esperada, ensaladas variadas, siempre la pasta al dente y las pizzas de base fina pero crujientes y rígidas, no lo que tenemos por aquí. especial descubrimiento: la pizza de patata, la cual habrá que experimentar hasta alcanzar maestría culinaria en ella.

Mientras la family hacía la siesta, fui a por el dorsal. Empezamos con las críticas: sería conveniente señalizar la zona desde la salida del metro. No es complicado y existen tecnologías; pero aún quedamos aquellos fieles a la precisión de la raza humana, capaces de preguntar a lugareños una ubicación, hacerles  caso y…evidentemente perderse por seguir instrucciones erróneas.La feria no está mal en su ubicación. No está lejos del metro, en el exterior de la Ciudad (penúltima parada de la línea de  metro). Sin embargo un poco laberíntica y haciendo seguir un flujo que obligaba a pasar por los stands de maratones y saliendo con un kilo de papel para remitir a Carlos Utrilla. No me gustó ese “pasa por donde yo te llevo”, prefiero hacerla libre. 
La feria es completa, no había exceso de tiendas vendiendo productos y las grandes marcas estaban presentes con sus últimas novedades. Cuando fui había muy poca gente y no tuve que guardar cola. La bolsa: una mochila (de uso obligatorio como ropero el día de carrera), una camiseta NB, un kilo de folletos y un paquete de espaguetis. Suficiente.

 El chip, integrado en el dorsal, el cual era de gran calidad, personalizado y que es el primero el cual llega a meta intacto, a pesar de toda el agua que les cayó encima. Como me perdí para llegar a la feria y quería llegar regresar me pegué una buena paliza. Nos preparamos y fuimos ya de turismo, Coliseo, Pirámide, Fontana di Trevi. A cenar y a dormir.

Por la mañana siguiente siguió el trote: Plaza España, Trinidad del Monte, Panteón, Plaza Navona y de nuevo a Fontana di Trevi. El pobre Jorge aguanta sin rechistar (demasiado) las palizas de andar así que hay que llevarle a la fuente de la monedita y los deseos para que cargue baterías. Comida en Andrea, a la cual se incorpora Juan y siesta. Ya por la tarde más paseo, Bocca de la Veritá, Ponte Rotto, mini incursión al Trastevere para regresar. Sinagoga, Fuente de las Tortugas, Campo di Fiore,… otra palicilla a andar. Aquí ya se nos unió Pepe para cenar. A dormir.








 Por la mañana, Museos vaticanos. 3 horas de admirar las bellezas del arte que el hombre crea para disfrute de la raza humana y que está en manos de unos poquitos… Muchas fotos y algún “selfy” impagable.





 
Después se nos unieron Elena y Jorge, más tarde Gerardo y por último David, acompañado, para comer. Después siesta y, mientras Pepe iba a la feria, preparar los trastos para la cena en Andrea.







 


Se incorporaron Alberto y Jen (a David ya no le veríamos más). Aquí los valientes se atrevieron a probar un poco de aceite de guindillas y una sobrasada picante que hizo las delicias de los comensales…



  



Al día siguiente nos dirigimos a la salida. El cielo está gris y chispea. Ahora para. Vuelve a chispear. Nada grave. La organización de la salida es excelente. Criticaría la falta de señalización en los camiones-ropero, debería ser previa en el folleto ya que son muchos metros y la hora de aglomeración hace complicada la logística. Pero sin colas para dejarla, guardada en el interior del camión colocada en ganchos de manera ordenada, el camión con los intervalos de dorsales bien visible e identificado…

El acceso a los cajones no es lateral. Se accede desde el final por tres pasillos. Cada uno desemboca en la zona y están separados por miembros del ejército, hombro con hombro. Empieza a llover. Fuerte. Más. Aguacero. Se estropea la megafonía mientras nos helamos bajo el agua. Ohhh. Para de llover. La gente aplaude. Vuelve la megafonía a falta de dos minutos. Se sale con 10 minutos de retraso. A las 9 h cuando se anunció a las 8:50.

La salida es espectacular mientras suena “The Final Countdown” de Europe. Con el Coliseo a nuestras espaldas, caminamos por la Vía de los Foros Imperiales pisando cientos de plásticos. Hay una pequeña retención a 200 metros de la salida, la gente no quiere pisar los charcos (muchos) que hay en el adoquinado. Para mi desagradable sorpresa, encontré en Roma una ciudad sucia, desvencijada, con sabor a crisis y decadencia. Todo en obras, todo viejo, agujeros en el asfalto, el metro sucio, los trenes y tranvías tenían décadas... Desde luego, si nos encontrásemos ese nivel aquí, quemábamos a los políticos.

El recorrido es espectacular y discurre siempre muy próximo al Tíber. A veces cruzando de orilla a orilla, sobre todo en los primeros kilómetros. Poco asfalto y alguna que otra rampa sin inquietar. Los avituallamientos bien, generosos en efectivos, largos (agua e isotónico y , a medida que avanzaban los kilómetros fruta y galletas, sin geles) y entre avituallamientos, esponjas. Hay que ir con cuidado con los adoquines, vista en el suelo.

Llegamos a Plaza San Pedro en el km 18 por la avenida de la Conciliación. Hay numeroso público en casi todo el recorrido, sin llegar a ser un gentío. Pero el que hay, salpicado por todo el recorrido es muy animoso. No faltan gritos de “Forza, sei bravi” y aplausos de gente anónima que nada tiene que ver con la carrera. Mucha animación de orquestas, sobre todo militares, al principio. Desde media carrera hacia el final, ya animadores con música y micrófono en ristre. La segunda mitad es de perfil mucho más amable salvo dos repechitos (km 28 y 35) y el repecho serio del km 40.

Hay zonas espectaculares. Particularmente la que más me gustó fue desde Plaza Navona, pasando junto a las terrazas, tipo Almansa,  hasta Plaza Venecia, girar por la Vía del Corso vallada y llena de público hasta la Plaza del Popolo y regresar en dirección opuesta por la paralela Vía de los Babuinos, kilómetro 39 tomando de nuevo empedrado que si no vas bien, lo acusas. Además, la subida por el túnel en el peor repecho de la carrera es de las que anima a parar en el avituallamiento del 40 y nutrirse bien para llegar a meta. La meta, este año cambió respecto a anteriores ediciones: antes se llegaba dejando el Coliseo a la espalda y ahora se llega hacia el Coliseo, entrando ante una formación de gladiadores.

Bajo mi punto de vista es el maratón más bonito de los recorridos de cuantos he corrido, el trazado no tiene parangón y la organización es de muy alto nivel. Para repetir estando mejor. Eso sí, como evento en conjunto, Berlín está muy lejos. Habrá que seguir descubriendo nuevos eventos.

En meta, medalla, manta térmica PARA TODOS, bolsa con agua e isotónica, galletas, té… Y UN TORMENTÓN DEL 15 (eso sí, todo sin colas).

Mi carrera. En la salida despedimos a Jen que corría la Stracitadina, luego a Alberto, Pepe y Gerardo y me quedé con Juan. Mi carrera fue lamentable. Mi objetivo estaba en 4:59’59” dado mi historial reciente. Mi objetivo deseable 4h50’. Salí y me encontré cansado (que novedad) y más o menos fui decente hasta al km 18 con Juan esperándome, las típicas paradas meonas, nada nuevo, pero ya en el km 8 estaba pensando en irme para casa. Aún así, como sé que me encuentro mejor cuando llevo rato fui más o menos en línea hasta el km 19. Otra paradita al pis y ahí ya fue un drama pues no podía ni despegar los pies del suelo. En fin fui más o menos de mal en peor pero no de manera regular. Había momentos de peor en los cuales se intercalaba algún mal. En el km 28 hay un repechito pequeño y todo el mundo iba andando así que me animé viendo que yendo a 8’ adelantaba gente (os puedo asegurar que es posible!!!) y poco después tuve que parar por una emergencia (malditos geles caducados) que ya me colocó en suerte para que en el tramo final de adoquines me diesen la estocada final. En el avituallamiento del 40 ya me lo tomé con muuuuuuucha calma, me zampé todo lo que había en las mesas, anduve por el repecho hasta el final del túnel y de ahí a meta ya fui corriendo bien. Fue mi único tramo andando. Como no, acabé reventado (la segunda media calculo que me iría a 2h40 o superior). Se me fue la cosa 5 minutillos…jajajajaja.

Sufriendo como un perro pero llegando a meta.


ESTE PASEO VA DEDICADO A MI AMIGO PEPE, AL QUE ESPERO UN DÍA ACOMPAÑAR EN UN MARATÓN. Eso sí, llegando un par de horas más tarde que él.


Un estupendo fin de semana en compañía de los amigos Juan, Pepe, Alberto y Jen, David. Gracias a todos por los buenos momentos.


Gracias a todos aquéllos que han sacrificado un buen entreno por acompañarme mientras, en la preparación del maratón, me arrastraba por las estepas valdemoreñas, por la CdC o por el PLM.

Y la imprescindible presencia de Jorge y Elena. Sin mis amores nada es posible. Es lo mejor que puede suceder, estar acompañado de los tuyos y disfrutar juntos de un precioso viaje. Perdón Jorge por la paliza a andar que te dimos. Espero que tus deseos formulados a Neptuno se hagan realidad.






Las fotos, tarde o temprano estarán donde siempre (pinchar sobre "mis fotos")
Había que suicidarse para alcanzar la redención, como muestran los Metallica. Ahora les toca a los médicos hacer bien su trabajo y que acaben con este estado cuanto antes. Y a mí hacerles caso…

Hasta la próxima aventura (tic tac).


CREPI IL LUPO

miércoles, 20 de marzo de 2013

BARCELONA MARATÓ 2013

El choque de sensaciones por excelencia. Volver a tu tierra. Estar con la familia. Correr por lugares emblemáticos. Volver a ver a amigos... Vamos a ello.

El día del viaje (el viernes) comenzó mal. A media mañana me llama el jefe que viene a despedir a gente. Tenía vuelo a las 15 horas, así que Elena y Jorge tuvieron que volar solos y yo lo hice más tarde. Llegué sobre las 21 horas a casa de mis pardes. No dormía allí; ya que el enano se hace grande y en la cama no cabemos los tres, así que tuve que dormir en el piso de mi hermana donde se alojó también Juanlu, que ya llevaba un par de horas esperando tras pasar por la feria a recoger los dorsales.

Había quedado para cenar con unos amigos: Miguel, Pep y David. Junto con Juanlu nos dirgimos al mítico Lafu. Allí constatamos que ha bajado la calidad, a pesar de que su plato estrella, las patitas, están de lujo, al igual que las bombas. El resto, morro, champis, etc,... dejaba que desear. tendrá que pasarse por allí el iaio Amadeu a poner orden.

Ya entonaditos, nos dirigimos a tomar algo a un bareto "nuevo" en las instalaciones del Club de Tenis, Sant Adrià, "Égalité". Poco ambiente,a pesar del cual cayeron 3 gin tonics para hidratarse. Ya llevaba un día de malestar, con lo cual, entre ello, la cena y los cubatas, el viaje y el madrugón, me hicieron caer groggy en la cama a las 3 de la madrugada.



Al día siguiente, fuimos a BCN, me encontraba cada vez peor. Con mi hermana, Elena, Jorge, Juanlu; quedamos con Pedro y dimos una vuelta: La Rambla-Plaça Reial-Ferran-Plaça Sant Jaume-Plaça de la Catedral-Plaça Sant Felip Neri-Esglèsia del Pi. Allí nos hidratamos y cogimos el metro para ir al mítico "El Vaso de Oro", donde se incorporó Gerardo y catamos su famosa cerveza casera. Y unas bravas, como no. Al poco nos fuimos a comer con mis padres y dejamos solo al trío de corredores.

Por la tarde me empecé a encontrar peor y me tomé la fiebre que llegaba a 38. Fuimos a cenar a una pizzeria Juanlu, Miguel y yo y a dormir. Al levantarme la sensación era mala. No sabía si correr o no pero tomé la decisión de hacerlo. (Se abre paréntesis)

Tras desayunar, cogimos el metro y ya empezamos a ver ambiente maratoniano. Corredores en el metro, cada vez más y llegamos a la zona de quedada ya entre una multitud. Nos vimos con el grupo barcelonés de running social "The Red Runners" y a José Manuel, para conocernos y quedar para hablar de temas futuros.

Al fin conocía a Matraca, a Rafa, llegaron Pedro y Gerardo, los Gacelas (Luis y los dos Manus), la tropa de Lodosa con mi gran amigo Pepe y, por último, Luisma. 

Vamos hacia los cajones. Empieza el relato crítico. El acceso muy embotellado, no es amplio pero se mezclan corredores y público. No se accede mal del todo pero es un poco caótico para 18000 coredores. La señalización de acceso es insuficiente. Escasa y pequeña.  Los voluntarios de acceso, desbordado (tipo SS Vallecana) no dan abasto a mirar. Entra un grupo de polacos, el menos de los cuales tenía una eslora abdominal el triple de la mía y con dorsal cajón más de 4h30'. Se saludan chocando sus manos como si fuese lo último que van a hacer. No sé hasta donde llegarían (sabéis que no soy crítico con estos temas) pero molestar a algún corredor, seguro que lo hicieron.

La salida es por tramos, cada cajón tiene una salida distinta. está bien, no se mezclan los cajones y hay sensación de amplitud en la salida y se puede correr. Casi hasta el primer km se discurre con vallas a ambos lados que impiden que se corra por la acera y que los peatones se animen a cruzar al otro lado con el peligro que supone ante una manda en estampida. Bien pensado.



El recorrido es muy suave. Sólo dispone de unas tachuelillas, la peor cuando se está fresco la subida por el Camp Nou hasta la Diagonal en el km 7. En ese primer tramo ya empiezo a encontrarme mal y paro al primer pis (km 3) me reincorporo y ya veo al primer senderista en el km 3,5. Tiene la delicadez de ir por fuera del trazado. es extranjero, claro.



Quiero llamar la atención de la inmensa cantidad de gente caminando que vi en este maratón: jamás vi tanta. Sorpresa negativa. No comprendo el motivo. Puedo entender que haya gente que prepara bien la carrera y petan en el km 25 por ir muy fuertes, por no tener el día,...pero la cantidad de gente que pasé en el km 6 e iban andando cuesta arriba por el Camp Nou no es digna de un gran Maratón. Al pasar de nuevo por espanya, me encuentro a Pepe que me anima

Un poco más tarde el recorrido se vuelve sinuoso de manera suave pero favorable. Se va bajando hasta pasar por Sagrada Familia. Ahí paro para hacerme una foto, con tal mala suerte que entrego mi foto a una chica no muy ducha en estas lides y pierdo como tres minutos en la tarea. Cuando quiero arrancar ya se hunde el mundo. Empiezo a ver que no tengo fuerzas y veo turbio. Aún así sigo esperando ver que pasará más adelante aunque en el horizonte veo la retirada.

Un poco más adelante me pasa un tipo botando un balón de baloncesto. Otro le pregunta que cuanto tiempo piensa hacer y responde que menos de 4 horas. Le digo que piense que eso no es lo importante, que lo decisivo es llegar a meta y meter la canasta. Como el grupito se ríe me animo un poco y puedo ir de manera decente Meridiana arriba, ahí me siento bien: los corredores se cruzan en direcciones opuestas. Veo a David el Lazarillo y me alegro mucho, me pasa una botella de Powerade. Luego veo a Juanlu. También veo a Martín Fiz, le grito "Aúpa Martintxu" y me mira con cara de desdén. Cada uno se pone en su lugar, por muy alta tribuna desde la que mire.

Al llegar al punto más lejano y regresar me cruzo a los de Lodosa y también a Alber el Pirata. Pero más o menos en el medio maratón y con perfil favorable empiezo a sentirme peor. tengo las manos frías y escalofríos. Pienso llegar al km 25 y retirarme. Cada vez voy más despacio y no quiero pensar en ello así que miro a la gente, me fijo en cosas: como visten, que zapas llevan, la cantidad de gente que va con una go-pro, la gente ya no habla, multitud de ellos caminando y reparo que, cada vez en mayor número, aparecen en las esquinas arquetipo del corredor "te acompaño los últimos 15 kms". Sin ojeras, bien perfumado y desayunado, con mochila para la ropa seca y...con dorsal. Estaba acostumbrado al sin dorsal que se retira antes de meta pero este nuevo especímen que pasa por meta con dorsal y adquiere su medalla ("he corregut una marató") me parece igualmente poco justificable. Aunque al menos pague.

Sigue mucha gente corriendo. decubro zapas de vistosos colores y mallas preciosas, con la cabeza abajo y apretando los dientes que castañetean. Pero hay mucha gente animando, gritan tu nombre, aplauden y muchos voluntarios también. Llego al km 25. Miro a la gente que me anima i digo...p'alante.

Un poco más adelante estaban mi hermana Silvia, Elena y Jorge que no me vieron. Me paré. También paré en casi todos los avituallamientos porque quería beber isotónico y los vasos estaban muy llenos. Por esa parte de Diagonal Mar el recorrido se hace más anodino hasta el edificio AGBAR donde veo a Maria de Lodosa y me pasan atletas de Lodosa, los cuales a la vuelta ya me llevaban 500 metros; ya que encontré entre el público a...un amigo del cole!!! Paré a cruzar unas palabras con él, quien estaba con su hijo y me animé a seguir al km 30 donde volví a ver a la familia, tras otra parada a colocar vaselina en la antrepierna, como siempre. Por las fotos, aquí ya tengo cara más demacrada y me siento fatal. Lo coherente hubiese sido coger el tranvía y para casa. Pero pensé que para lo que quedaba...p'alante.

Pues no. Quedaba lo peor. El tramo marítimo es muy solitario y coincidió con encontrarme peor y otro pis. Ahí ya era raro quien no andase. Pero seguro que todo aquel que corría me pasaba. Ya no veía zapas ni mallas ni gente, casi hasta Pujades donde había un tipo con un cartel que decía algo así como "No podrás más y abandonarás...Pero hoy no es el día". eso y que empezó a llover fuerte, en un principio, me despertó, sobre todo pasar bajo el Arc de Triomf, pero al llegar a la altura de Plaça Catalunya noté que el agua me helaba y ya eran tiritonas fuertes con lo cual estuve en un tris de retirarme y paré con esa intención en el avituallamiento de la Catedral. Pero bueno, me tomé el powerade, me dijo un voluntario, "Vamos tocayo, hasta la meta". Era el km 38 más o menos...p'alante.

En ese punto ya me pasaron Batman y Robin y fui sin mirar el reloj hasta que en el avituallamiento del km 30 vi al corredor con balón de baloncesto sentado en el suelo con el balón y me dije... al fin has adelantado a alguien. Y llegando a meta, vino corriendo hacia mí Jorge, quien cruzó la meta conmigo, lo cual me puso muy contento; ya que no es amigo de estos eventos. En meta llega tras de mí José Manuel de The Red Runners y le doy un abrazo por su primer maratón. Está muy emocionado. Enhorabuena.

Otra más a la buchaca y van 11. MUY sufrida. No recomiendo a nadie hacer esta locura ni yo mismo la repetiré. (Se cierra paréntesis)

Y luego a celebrar...en pésimas condiciones!!!

Enhorabuena a todos. A todos. No os cito por no alargar más esta plasta.

La increíble animación de público y voluntarios es poco comparable. Había zonas de pasillo humano tipo Behobia. Alguna vez repetiré. Pero en mejores condiciones.

Gracias a todos: a mis padres y a mi hermana, a Elena y a Jorge (estos dos son los artífices), a Juanlu, a mis amigos catalanes David, Pep y Miguel y a todos los que compartieron un rato del finde conmigo, especial mención a Pedro y Gerardo, así como a todos los que siempre me apoyan. Gracias en especial a la persona que siempre me empuja desde arriba. Esta carrera está dedicada a dos personas: a Pepe y a David, dos amigos los cuales seguro que hubiesen cruzado la meta si sus lesiones se lo hubiesen permitido.

Perdonad la plasta, sé que os interesa poco pero quería explicarlo.

La siguiente, tic, tac...

Ah, las fotos donde siempre. Espero subir alguna más. El track, gracias a los consejos de actualización de firmware que me dio un amigo geek, no puedo subirlo a garmin connect por ahora, lo iré intentando en próximos días.

Y ahora, para acabar de daros la plasta, un concierto del mejor grupo catalán que ha aprecido en los últimos tiempos...